La posidonia es una planta marina endémica del mar Mediterráneo. Pertenece al grupo de las fanerógamas marinas, plantas de origen terrestre que se han adaptado a vivir en el medio marino. A diferencia de las algas, las fanerógamas marinas tienen raíces, tallos y hojas, y producen flores y frutos.
La posidonia forma extensas praderas que contribuyen a mantener la biodiversidad del Mediterráneo y protegen las playas y el litoral frente a la erosión. Esta planta marina crea importantes zonas de cría y refugio para numerosas especies marinas. Se estima que más de 400 especies vegetales y 1.000 especies animales habitan en las praderas de posidonia en algún momento de su ciclo vital. Además, estas praderas actúan como sumideros de carbono, ayudando a mitigar los efectos del cambio climático al capturar y almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono (CO₂) atmosférico. También son grandes productoras de oxígeno y filtradoras de partículas en suspensión, favoreciendo que el agua se mantenga limpia y transparente.
Este ecosistema único está protegido por diversas normativas internacionales y nacionales, como la Directiva 92/43/CEE (Directiva Hábitats) relativa a la conservación de los hábitats naturales y la fauna y flora silvestre, así como el Real Decreto 139/2011, que incluye la posidonia en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial.
A pesar de su protección, la posidonia afronta una serie de presiones e impactos relacionadas directa o indirectamente con la actividad humana que han contribuido a su regresión en el mar Mediterráneo. Estas pueden ser de tipo físico/mecánico (presiones directas sobre el fondo), biológico (vinculadas a la aparición o proliferación de alguna especie) o ambiental (relacionadas con la alteración de las condiciones que requiere la planta por su desarrollo).