Para muchos de nosotros el mar es sinónimo de calma, de paz y de silencio. Cuando pensamos en el océano, lo primero que suele venirnos a la mente es un ambiente tranquilo, alejado del bullicio y los ruidos del mundo exterior. Sin embargo, esta imagen tan extendida dista bastante de la realidad.
El océano está lleno de vida…¡y de sonido! Debajo de la superficie existe un auténtico concierto submarino, compuesto por chasquidos, gruñidos, chirridos y cantos que recorren kilómetros de distancia. Y no solo estamos hablando de ballenas o delfines, muchas más especies de las que pensamos emiten sonidos bajo el mar, y lo hacen por razones muy diversas.
¿Por qué emiten sonidos los animales marinos?
El sonido es fundamental para muchas especies marinas y es una de las herramientas principales para su supervivencia. La luz solar llega solo a una pequeña capa superficial del océano, por lo que la mayor parte de la vida marina transcurre a oscuras. En este medio, donde la vista es limitada, el sonido se convierte en el canal de comunicación más eficaz, capaz de recorrer largas distancias rápidamente. Por esta razón, muchas especies marinas que habitan estos ambientes con poca luz han desarrollado estrategias acústicas para sobrevivir y relacionarse.
Los sonidos submarinos pueden tener múltiples funciones:
- Orientar y navegar: algunas especies de cetáceos, concretamente los odontocetos, utilizan la ecolocalización (similar a un sonar natural) para «ver» su entorno mediante el sonido.
- Localizar presas o evitar depredadores: esta misma técnica también les permite detectar la ubicación de sus presas o identificar posibles amenazas.
- Defender su territorio: muchas especies de peces emiten sonidos como chasquidos o gruñidos para ahuyentar intrusos y coordinar actividades dentro del grupo.
- Cortejo y apareamiento: especies como los meros (Epinephelus marginatus) emiten chasquidos durante toda la temporada reproductiva.

Mero (Epinephelus marginatus). Créditos: Dani San Roman.
Más allá de los delfines y las ballenas: una orquesta marina
Si se organizara un concierto bajo el mar, sin duda los cetáceos serían las estrellas principales. Los cachalotes aportarían sus potentes clics, las ballenas con sus cantos profundos serían las sopranos del coro y los delfines con sus inconfundibles silbidos los tenores. De hecho, los delfines mulares (Tursiops truncatus) cuentan con un silbido “firma” único para cada individuo, tan distintivo que funciona como un nombre propio, ¡podrían ser nuestros solistas!
Pero un concierto no se compone solo de un coro y sus solistas: hacen falta instrumentos que aporten ritmo, armonía y matices para transformar una simple melodía en una sinfonía memorable. Entonces, ¿qué especies marinas podrían completar esta inusual orquesta?
- Percusión
Toda orquesta necesita alguien que marque el ritmo. Los machos de corvina negra (Sciaena umbra), por ejemplo, hacen vibrar su vejiga natatoria produciendo un sonido grave y rítmico durante la época de reproducción. Y aunque cueste creerlo, uno de los percusionistas más ruidosos son los crustáceos, como la diminuta gamba Alpheus glaber. Al cerrar su pinza lo hace con tal velocidad que genera una burbuja de cavitación cuyo estallido produce un chasquido ensordecedor, utilizado para aturdir presas o ahuyentar intrusos.

Corvina negra (Sciaena umbra). Créditos: SUBMON
- Instrumentos de viento
Los soplos de los cetáceos, al salir a la superficie a respirar, añaden notas cortas pero potentes a esta sinfonía marina. Aunque no son un método de comunicación como tal, también forman parte del paisaje sonoro del océano.

Balaenoptera physalus. Créditos: Dani San Roman.
- Instrumentos de cuerda
La langosta común (Palinurus elephas) produce sonido frotando protuberancias rígidas de su rostro contra una superficie rugosa en su caparazón, como si pasaran un arco por las cuerdas de un violín. Este chirrido es una señal defensiva, destinada a ahuyentar a los depredadores.

Palinurus elephas. Créditos: SUBMON.
El valor de escuchar el océano
Si además de imaginar esta orquesta submarina la escuchamos con atención, descubrimos que no solo suena para deleitarnos: también nos revela información valiosa. Conocer y estudiar la acústica marina nos ayuda a identificar especies, seguir sus movimientos y comprender su comportamiento, incluso en zonas profundas o inaccesibles.
Pero en estos conciertos, por desgracia, no todos los sonidos son naturales. También hay ruidos generados por la actividad humana como el tráfico marítimo o la construcción de infraestructuras. Esta contaminación acústica puede interferir en la comunicación de los animales, desorientarlos, aumentar su estrés o incluso forzarlos a abandonar su hábitat. Por eso, escuchar el mar es también una herramienta esencial para su conservación.




