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Desde la aparición de la vida en el Planeta Tierra (o Planeta Azul), las especies de flora y fauna siempre han buscado adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno para garantizar su supervivencia. Entre los numerosos factores que influyen en la continuidad de una especie, la reproducción se destaca como uno de los más importantes, ya que es el proceso biológico mediante el cual se generan nuevos organismos.

En la primera parte de nuestra serie sobre la reproducción en el medio marino, exploramos las diversas formas de reproducción asexual, un método en el cual un solo individuo es capaz de formar nuevos individuos sin la necesidad de intervención de células sexuales o gametos. Este proceso incluye modalidades como la gemación, la fragmentación y la partenogénesis, cada una con fascinantes ejemplos en la fauna marina.

Sin embargo, la reproducción asexual es solo una parte de la historia. En esta segunda nota vamos a tratar sobre la reproducción sexual, utilizada por muchas de las especies que se conocen actualmente del medio marino. 

La reproducción sexual

Como hemos comentado anteriormente, la reproducción sexual requiere de dos progenitores o individuos adultos para dar lugar a nuevos individuos. Al igual que la reproducción asexual, este método también es muy complejo, con una gran variedad de posibilidades en el medio marino. Principalmente, la reproducción sexual de cada especie viene determinada por cómo llevan a cabo la fecundación y cómo se expresan los sexos entre sus individuos.

Tipos de fecundación

La fecundación es una característica implícita en la reproducción sexual, que consiste en la unión de las células reproductivas masculinas y femeninas. En la naturaleza, la fecundación puede producirse de dos maneras:

  • Fecundación interna: uno de los progenitores introduce dentro del otro las células reproductivas o gametos.
  • Fecundación externa: los progenitores expulsan las células reproductivas al medio. Estas células, al estar vagando como parte del plancton, se encuentran y se unen con las de otro individuo de la misma especie.

Para las especies marinas que se reproducen sexualmente, la fecundación externa es la más generalizada. Esto se debe a ciertas características del medio marino, como su gran dinamismo y extensión, además de la naturaleza de muchas de sus especies, que presentan poca o nula movilidad o carecen de extremidades. No obstante, expulsar los gametos al medio supone un riesgo al éxito de la fecundación, es decir, que las células se encuentren entre ellas.

Por ello mismo, las especies se han adaptado y buscado la mejor manera para mejorar la tasa de fecundación. En algunas especies los individuos adultos realizan congregaciones para incrementar las probabilidades de fecundación. Sin embargo, la adaptación más común entre las especies con fecundación externa es la producción masiva de células reproductivas, al vivir muchas de las especies fijas o tener muy poca movilidad.

Expresión de los sexos en el medio marino

La expresión de los sexos es uno de los temas más fascinantes de la reproducción sexual en el medio marino. Dependiendo de la especie, los sexos pueden encontrarse por separado, es decir, hay individuos masculinos y femeninos, o ambos sexos pueden encontrarse en un solo individuo. Este fenómeno se conoce como hermafroditismo.

  • Sexos separados

En especies con sexos separados, algunas no muestran diferencias en la fisionomía externa entre machos y hembras. Sin embargo, en otras especies sí existen variaciones y a este fenómeno se le conoce como dimorfismo sexual. En algunas especies marinas con sexos separados, las diferencias entre machos y hembras pueden ser evidentes en características como la coloración o el tamaño corporal, entre otras. Por ejemplo, en el caso del cachalote (Physeter macrocephalus) y los calderones comunes (Globicephala melas), los machos se distinguen principalmente por ser considerablemente más grandes que las hembras. Otro caso es el del pulpo (Octopus vulgaris), en el que el macho presenta un brazo especializado en funciones reproductoras, el hectocótilo, que introduce en el interior de la hembra para fecundarla.

Octopus vulgaris

Octopus vulgaris, Dani San Román (SUBMON).

  • Hermafroditismo

Este fenómeno presenta varias formas en el medio marino. Algunas especies muestran hermafroditismo simultáneo, donde un individuo presenta ambos sexos a la vez durante toda su vida fértil, como la vaquita suiza (Peltodoris atromaculata), el pez serrano (Serranus cabrilla) y la ascidia roja (Halocynthia papillosa).

Peltodoris atromaculata (izquierda) y Halocynthia papillosa (derecha), Dani San Román

Peltodoris atromaculata (izquierda) y Halocynthia papillosa (derecha), Jordi Sánchez y Dani San Román (SUBMON).

Otras especies exhiben hermafroditismo secuencial, donde los individuos cambian de sexo en algún momento de su ciclo vital. Este fenómeno se presenta en dos formas principales. Por un lado, el hermafroditismo protándrico ocurre cuando una especie es primero macho y luego se convierte en hembra, como el sargo mojarra (Diplodus vulgaris) o la salpa (Sarpa salpa). En contraste, el hermafroditismo proterogínico se da cuando los individuos nacen como hembras y se transforman en machos, como el mero (Epinephelus marginatus), el tordo (Symphodus tinca) o la doncella (Coris julis). Incluso, esta transición entre sexos puede comportar también un cambio en la fisionomía externa como en la doncella, entre otras.

Coris julis hembra (izquierda) y macho (derecha), Dani San Román (SUBMON).

En referencia a aquellas especies que presentan el hermafroditismo simultáneo, cabe destacar que un individuo puede llevar a cabo el fenómeno que se conoce como autofecundación, por el cual las células reproductivas o gametos femeninos y masculinos del mismo individuo se entrecruzan (fecundan). Esta estrategia es utilizada por ciertas especies ante la baja densidad poblacional de la especie en la zona y las dificultades para encontrar una pareja. No hay que confundirlo con el fenómeno de la partenogénesis introducido en la reproducción asexual, al no existir fecundación de las células sexuales.

Finalmente, a lo largo de las dos notas que hemos dedicado a la reproducción de la biodiversidad marina hemos observado que las especies pueden reproducirse asexualmente o sexualmente. Sin embargo, cabe señalar que hay grupos con la capacidad de reproducirse de ambas maneras a lo largo de su ciclo vital, como las estrellas de mar, medusas o corales, entre otros, para hacer frente a las distintas condiciones cambiantes que se puedan presentar durante su desarrollo.

En conclusión, el medio marino y la reproducción de las especies que habitan en él es muy compleja, y existen muchos otros aspectos interesantes que aquí no han sido tratados. Por ello, si quieres conocer más sobre la reproducción, háznoslo saber e iremos compartiendo más información al respecto. Del mismo modo, te animamos a que la curiosidad te invada y descubras más sobre aquellas especies de fauna y flora que más te fascinen, cuando tengas la oportunidad de observarlas en los mares y océanos. A lo mejor te sorprenden y éstas se reproducen de una manera que no esperarías o, incluso, lo que hasta ahora pensabas que eran dos especies distintas, ¡realmente son el macho y la hembra de la misma especie!

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