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En la ciudad de Oulu (Finlandia), a 65° de latitud norte, personal investigador, educativo y técnico, junto con la ciudadanía, se dieron cita en la conferencia de la European Citizen Science Association (ECSA). Pero más que una conferencia científica al uso, este encuentro invitó a una reflexión más profunda sobre el creciente papel de la ciudadanía en la generación de conocimiento científico y en la forma en que las sociedades comprenden y gestionan su entorno.

La ciencia ciudadana suele asociarse a la conservación de la naturaleza, como la observación de aves, el seguimiento de la biodiversidad marina o la monitorización de la contaminación. Sin embargo, lo que quedó claro a lo largo de la conferencia es que hoy su papel va mucho más allá. La ciudadanía contribuye cada vez más a la investigación y a los procesos de toma de decisiones en entornos muy diversos: ríos, ciudades, bosques, montañas, lagos, regiones polares y océanos. Aun así, todavía queda mucho por hacer.

Nos encontramos en un momento crítico para la ciencia. A pesar de décadas de investigación y evidencia, el conocimiento científico no siempre desempeña el papel decisivo que debería en la toma de decisiones públicas. La popularidad política, los intereses económicos a corto plazo, la desinformación y las fake news a menudo eclipsan evidencias científicas construidas con rigor.

En este contexto, la ciencia ciudadana es más relevante que nunca. La razón es sencilla: cuando las personas participan en procesos científicos, desde proyectos escolares a escala local hasta iniciativas de seguimiento municipal o redes de investigación globales, no solo aportan datos, sino que pasan a formar parte del propio proceso. Esto les permite comprender mejor su entorno y, al mismo tiempo, contribuir a generar la evidencia necesaria para una toma de decisiones más informada.

En el caso de los retos relacionados con el agua, este proceso está estrechamente vinculado a la cultura oceánica y del agua: comprender cómo funcionan los sistemas hídricos, desde ríos, lagos y humedales hasta costas y océanos, y cómo interactúan con ellos las actividades humanas. Con demasiada frecuencia, los entornos de agua dulce y marinos se abordan como realidades separadas, cuando en realidad están profundamente interconectados a través de procesos ecológicos, sociales y económicos. La ciencia ciudadana puede ayudar a salvar esta brecha implicando directamente a las personas con los sistemas hídricos de su entorno, reforzando la sensibilización, el conocimiento y su implicación en su cuidado.

La conferencia de ECSA en Oulu puso de manifiesto la diversidad y madurez que ha alcanzado hoy la ciencia ciudadana. Con un programa tan amplio y muchas sesiones interesantes desarrollándose en paralelo, a menudo resultaba difícil elegir, hasta el punto de desear poder estar en varios sitios a la vez.

Conferencia ECSA 2026 en Oulu. Créditos: SUBMON.

Tender puentes entre ciencia y políticas públicas

Una de las sesiones más interesantes abordó un reto clave: cómo traducir los resultados científicos en decisiones reales.

Entre la investigación científica y las políticas públicas suele existir un eslabón perdido. Comprender qué necesitan quienes toman decisiones y cómo la evidencia científica puede responder eficazmente a esas necesidades es fundamental si la ciencia ciudadana quiere tener un impacto real desde la base.

Esta necesaria “traducción” se produce en varios niveles:

  1. Traducción conceptual
    Los conceptos científicos y el lenguaje político suelen diferir notablemente. Traducir el conocimiento a un lenguaje relevante para el debate político es esencial.
  2. Traducción institucional
    Incluso cuando la evidencia científica es clara, son las estructuras de gobernanza las que determinan quién tiene la capacidad de actuar. Comprender las competencias institucionales y los procesos de toma de decisiones resulta clave.
  3. Traducción de la evidencia
    Las contribuciones ciudadanas suelen adoptar la forma de relatos, experiencias y observaciones valiosas. Es necesario traducirlas a categorías y formatos de evidencia que las administraciones puedan procesar sin descartarlas como anecdóticas o irrelevantes.

Esta “capa de traducción” es crucial para que la ciencia ciudadana pueda influir en las políticas ambientales.

El papel de las ONG como puente entre ciencia, comunidades e instituciones

Para organizaciones como SUBMON, muchos de los debates de ECSA conectan directamente con nuestro trabajo diario.

Implicar a las comunidades, aplicar métodos científicos, recopilar y analizar datos o interactuar con las administraciones no es un proceso lineal, sino que forma parte de un sistema dinámico en el que investigación, participación, comunicación y políticas interactúan de forma continua. En este contexto, las ONG locales desempeñan un papel clave como puente entre las comunidades y la comunidad científica: facilitan la participación, garantizan la transparencia del proceso científico y mantienen el diálogo con las administraciones. En este sentido, la comunicación actúa como un catalizador clave y hacemos de puente en la transferencia de conocimiento.

La comunicación no consiste únicamente en difundir resultados al final de un proyecto. Debe estar presente durante todo el proceso, informando a los participantes, compartiendo resultados preliminares, ofreciendo retroalimentación y manteniendo la implicación más allá de la finalización del proyecto.

Ejemplos de comunicación participativa en ciencia ciudadana. Créditos: SUBMON.

La confianza, base de la ciencia ciudadana

Uno de los momentos más inspiradores de la conferencia tuvo lugar durante la sesión de clausura, cuando la ponente principal, Eliza Reid, ex primera dama de Islandia, reflexionó sobre su trayectoria y su experiencia en el ámbito público. En su intervención, destacó un elemento fundamental en el corazón de una participación ciudadana significativa: la confianza.

En el ámbito de la ciencia ciudadana, la confianza opera en múltiples niveles, entre comunidad científica y ciudadanía, entre comunidades e instituciones, y en el propio conocimiento. Sin ella, la participación se diluye, la colaboración se debilita y el vínculo entre ciencia y sociedad empieza a romperse.

Cuando la confianza está presente, sin embargo, la ciencia ciudadana puede convertirse en una herramienta poderosa: una vía hacia formas más democráticas de generar conocimiento y un puente más sólido entre la investigación y la toma de decisiones.

Eliza Reid en la ECSA 2026. Créditos: SUBMON.

Mirando al futuro

La participación en ECSA 2026 nos recordó que la ciencia ciudadana ha dejado de ser una práctica marginal y se está consolidando como un enfoque clave para comprender desafíos ambientales complejos y apoyar una toma de decisiones informada.

Ya sea en océanos, ciudades, montañas, ríos o lagos, implicar a la ciudadanía en la ciencia refuerza tanto la investigación como la capacidad de la sociedad para responder al cambio ambiental.

En un momento en el que la ciencia necesita aliados más que nunca, la participación ciudadana puede ser una de las herramientas más poderosas de las que disponemos.

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