Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 para reconocer el papel fundamental que desempeñan las mujeres en el avance del conocimiento científico y tecnológico.
Más allá del reconocimiento, esta jornada busca promover un acceso justo y equitativo de mujeres y niñas a la educación, la investigación y la innovación en ciencia y tecnología. Un objetivo que sigue siendo especialmente relevante, ya que, a pesar de que las mujeres jóvenes acceden en mayor proporción a los estudios superiores, su presencia en las disciplinas científicas continúa siendo desigual. A escala global, solo el 35% de las personas tituladas en ciencias son mujeres, una brecha que refleja barreras estructurales, estereotipos y desigualdad de oportunidades que persisten a lo largo de toda la carrera científica.
En SUBMON sabemos que afrontar los retos ambientales del océano requiere equipos diversos y plurales, donde todas las voces cuenten. Proyectos como COSTtERA-3, que acaba de comenzar este febrero, son un buen ejemplo de ello. Este proyecto se desarrolla con la colaboración de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a través del Programa Pleamar, y se cofinancia por la Unión Europea por el FEMPA (Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura), y es un ejemplo de cómo la ciencia marina puede avanzar gracias a la participación y liderazgo de mujeres en todas las etapas del trabajo científico. Hoy queremos aprovechar este día para dar voz a Natàlia Amigó, bióloga de SUBMON e investigadora que forma parte del proyecto COSTtERA-3, que nos habla de su vocación por la ciencia, de su recorrido profesional y de su experiencia como mujer en el ámbito de la ciencia y el trabajo en el mar.

La investigadora Natàlia Amigó a bordo de una campaña marítima dedicada al estudio de cetáceos en el Mediterráneo. Créditos: Alba Sotorra.
Natàlia, ¿puedes contarnos un poco sobre ti y en qué consiste tu trabajo en SUBMON?
Soy licenciada en biología y con un Máster en Ingeniería Ambiental, especializada en la investigación y conservación de mamíferos marinos, con especial dedicación a los cetáceos. Desde 2020 trabajo en SUBMON, desarrollando proyectos vinculados al estudio y la conservación de la biodiversidad marina en el Mediterráneo.
Mi trabajo se enfoca en estudiar la abundancia, distribución y ecología de los mamíferos marinos, así como en analizar cómo las actividades humanas, como la pesca o el tráfico marítimo, influyen en sus poblaciones. Combino trabajo de campo, análisis de datos y herramientas como los Sistemas de Información Geográfica (SIG) y los modelos de distribución de especies para aportar información útil a la gestión y conservación.
¿En qué proyecto estás trabajando actualmente y cuáles son sus principales objetivos?
Actualmente estamos trabajando en el proyecto COSTtERA-3, cuyo objetivo es contribuir a la mejora de la conservación del delfín mular y a la sostenibilidad de la actividad pesquera en Cataluña, mediante el análisis integral de sus interacciones con las artes de arrastre en áreas protegidas.
El proyecto incluye salidas de investigación en embarcación para registrar la distribución de los delfines mulares en el área del Cap de Creus y evaluar su grado de dependencia de la actividad pesquera. Además, utilizamos cámaras submarinas e hidrófonos para estudiar con mayor detalle su comportamiento bajo el agua y sus interacciones directas con las artes de pesca.
También incorporamos nuevas tecnologías, como herramientas basadas en inteligencia artificial, para el análisis automatizado de datos acústicos y de vídeo, lo que nos permite mejorar la precisión y eficiencia en el tratamiento de la información.
¿De dónde nace tu vocación por la ciencia?
Desde siempre he sido muy curiosa, con la necesidad de saber el porqué de las cosas. Esa curiosidad fue lo que, casi sin darme cuenta, me llevó hacia la ciencia.
Con el tiempo entendí que la ciencia era la manera que tenía de canalizar esa forma de mirar el mundo: observar, hacer preguntas e intentar encontrar respuestas.
¿Cómo comenzó tu interés por la biología y los mamíferos marinos?
Los animales y el mar me han apasionado desde pequeña, y los mamíferos marinos siempre me han generado una fascinación especial. Cuando era muy pequeña, me pasaba horas en el mar, iba con mis gafas y tubo buscando durante horas todo lo que pudiera encontrar bajo el mar. Con el tiempo, esa fascinación evolucionó hacia los delfines, las ballenas, las focas… Todo mamífero marino. Recuerdo ver documentales y pensar qué suerte sería poder trabajar con estos animales. Sin embargo, en aquel momento no sabía cómo lo podía lograr ya que no era fácil encontrar referentes ni había tantos estudios o proyectos visibles como ahora.
¿Cómo ha sido tu recorrido hasta poder dedicarte profesionalmente al estudio de cetáceos?
A medida que crecí comenzaron a escucharse más iniciativas y descubrimientos, y desde los 12 años tuve claro que quería estudiar Biología para intentar dedicarme al estudio de los cetáceos. Entonces parecía algo muy difícil, y aún lo es, y mucha gente de mi entorno no terminaba de entenderlo. Por suerte, mi familia siempre me apoyó y lo vio como algo posible, y eso hizo que nunca me planteara cambiar de rumbo.
Una vez en la carrera entiendes que el camino no es sencillo: pocas plazas, poca financiación, oportunidades limitadas… Empecé a moverme haciendo prácticas, pero lo que encontré me decepcionó un poco. En ese momento dudé y decidí orientarme hacia un camino más estable, cursando un máster en Ingeniería Ambiental, que a priori me ofrecía más salidas laborales.
Sin embargo, justo entonces surgió la oportunidad de entrar como voluntaria en una ONG en Barcelona para estudiar cetáceos en el mar Catalano-balear. Decidí combinar el máster con el voluntariado. Al terminar, supe que realmente quería era dedicarme a los cetáceos. Así que no continué por la vía de la ingeniería y seguí durante casi diez años combinando trabajos no relacionados con el mar y el voluntariado, realizando campañas de investigación en el mar y análisis de datos. Finalmente, decidí irme a Islandia para trabajar como guía de whale watching.
Poco antes del COVID, surgió la oportunidad de incorporarme a SUBMON, y en ese momento decidí dar el paso y regresar a casa para, por fin, poder dedicarme profesionalmente al estudio de los cetáceos del Mediterráneo.
En tu experiencia, ¿qué significa ser mujer en el ámbito científico y marítimo?
Según los datos actuales, sabemos que ser mujer en el mundo científico no es fácil. Aun así, creo que la situación está cambiando y que en muchos ámbitos la presencia femenina es cada vez mayor. Por ejemplo, en la carrera de Biología, durante mi etapa universitaria, la mayoría éramos mujeres. En el campo de los mamíferos marinos, de hecho, el porcentaje de mujeres es superior al de hombres. Sin embargo, aunque en número podamos ser mayoría en algunos ámbitos, ese mismo porcentaje no se refleja en las posiciones de poder o en los puestos de mayor responsabilidad.

Pescadores colaboradores del proyecto y la investigadora Natàlia Amigó durante la instalación de cámaras submarinas en las redes de arrastre. Créditos: SUBMON.
¿Has encontrado barreras específicas por el hecho de ser mujer a lo largo de tu trayectoria?
Dado que mi sector tiene un gran componente femenino, hasta ahora, en el entorno estrictamente académico o científico no he sentido barreras directas por el hecho de ser mujer. He experimentado más dificultades por el hecho de querer dedicarme a la ciencia en sí, debido a las pocas oportunidades, la inestabilidad laboral y la falta de financiación que caracteriza al sector. En muchos casos, el reto no ha sido tanto el género como la precariedad estructural de la carrera científica: trabajos sin remuneración, contratos temporales, competencia elevada y trayectorias profesionales poco definidas. Eso hace que el camino sea exigente para cualquiera que quiera dedicarse a ello.
Si miro atrás, creo que donde más he tenido que adaptarme ha sido en el ámbito marítimo. Este tipo de estudios requiere embarcarse y, desde que empecé hace ya más de quince años, he ido percibiendo una evolución en el trato hacia las mujeres dentro del sector, donde entonces éramos pocas.
En aquellos primeros años sí sentí una mayor necesidad de demostrar mis conocimientos y capacidades para ganarme la confianza de la gente de la mar. No siempre era algo explícito, pero sí existía esa sensación de tener que validar constantemente que estabas preparada para el trabajo a bordo.
Además, como bióloga, es habitual embarcarse en buques donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria. En teoría no debería suponer un problema, pero en la práctica puede existir cierta incertidumbre sobre el trato que puedas recibir. Afortunadamente, con el paso del tiempo he percibido un cambio positivo, aunque todavía queda camino por recorrer.
En cualquier caso, creo que es importante no generalizar. Cada entorno y cada experiencia es distinta, y no todas las mujeres viven las mismas situaciones. Yo hablo desde mi recorrido personal.
¿Has tenido referentes femeninos que te hayan inspirado en tu camino profesional?
Al preparar la entrevista me pregunté quiénes han sido mis referentes y, sinceramente, no hay una mujer en concreto. Cuando crecí no se escuchaban tantos casos de proyectos o descubrimientos liderados por mujeres; el mundo científico no tenía la visibilidad ni el interés que tiene ahora. A medida que iba conociendo historias, pensaba: qué increíble lo que ha conseguido esta persona, hasta dónde ha llegado.
Sin embargo, más que una figura individual, lo que realmente me inspiraba era el conjunto de mujeres que estaban logrando avanzar, ocupando posiciones de responsabilidad y haciéndose visibles. También ver a mis compañeras y mujeres que he ido conociendo a lo largo del camino, que queremos lo mismo, nos motivan las mismas inquietudes, con ideas y sueños similares, me impulsa más que cualquier referente concreto.
Y, por supuesto, las mujeres de mi familia han sido mi mayor ejemplo. Aunque no hayan estado vinculadas al mar ni a la ciencia, me enseñaron el valor del trabajo constante, la importancia de disfrutar de lo que haces y la fortaleza para seguir adelante.
¿Cuáles crees que son tus principales retos de futuro a nivel personal?
A nivel personal, mi principal reto es seguir creciendo profesionalmente sin perder el vínculo directo con el mar y con el trabajo de campo. Me gustaría continuar desarrollando proyectos que aporten conocimiento aplicado y que tengan un impacto real en la conservación de los cetáceos del Mediterráneo.
¿Y a nivel general?
A nivel general, uno de los grandes retos del sector es garantizar una financiación sostenida que permita investigaciones a largo plazo. El estudio de mamíferos marinos requiere series temporales amplias para entender tendencias poblacionales, cambios en el comportamiento o efectos del cambio climático, y eso solo es posible con continuidad en los proyectos. A esto se suma la necesidad de una mayor conexión entre la ciencia, la gestión y la sociedad, para que el conocimiento generado se traduzca en políticas efectivas y en una mayor concienciación social.
Otro gran reto es mejorar la estabilidad y las condiciones del sector para que muchas mujeres no se queden por el camino. En ciencia y conservación todavía hay mucha precariedad, contratos cortos y carreras difíciles de sostener en el tiempo, y eso afecta especialmente cuando se cruza con etapas vitales como la maternidad o la conciliación.
Es importante seguir avanzando en fomentar entornos laborales basados en el respeto, la igualdad y la profesionalidad. Creo que en los últimos años ha habido una evolución positiva, pero todavía es necesario seguir trabajando para que esa igualdad sea algo natural y consolidado en todo el sector.
Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría transmitir a las niñas y jóvenes que sueñan con dedicarse a la ciencia?
Es difícil dar un mensaje general, porque cada persona vive su propio camino. Pero si una niña o una mujer quiere dedicarse a la ciencia, le diría que lo persiga, que no se rinda y que no deje que el hecho de ser mujer la frene.
La situación hoy es muy diferente a la de hace años y, además, sigue evolucionando. Cada vez hay más referentes, más oportunidades y más espacios donde las mujeres están presentes. Que el género no sea el obstáculo que les impida llegar a donde quieren estar. Y que confíen en sus capacidades, incluso cuando el camino parezca difícil o surjan momentos de duda, porque eso también forma parte del proceso. Hay más de un camino para llegar al objetivo. Que nunca pierdan la curiosidad, la constancia y la pasión por lo que hacen o quieren hacer.

