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Desde la aparición de la vida en Planeta Tierra (o Planeta Azul), las especies de flora y fauna han buscado adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno para asegurar su supervivencia. Entre los numerosos factores que influyen en la continuidad de una especie, la reproducción se destaca como uno de los más importantes, ya que es el proceso biológico mediante el cual se generan nuevos organismos.

A lo largo de la evolución, han surgido diversas y fascinantes formas de reproducción, subrayando la importancia de este proceso. El medio marino no es una excepción: las especies marinas han desarrollado estrategias reproductivas variadas y complejas, y cada especie emplea la más adecuada para garantizar su supervivencia a largo plazo.

A grandes rasgos, en el medio marino podemos encontrar dos tipos principales de reproducción. Por un lado, está la reproducción asexual, en la que un solo individuo puede formar nuevos individuos sin la intervención de células sexuales o gametos. Por otro lado, está la reproducción sexual, en la que individuos de sexos opuestos se juntan para formar nuevos individuos, esta vez con la intervención de células sexuales o gametos.

En este primer texto sobre la reproducción en el medio marino, vamos a tratar una de las formas más primitivas: la reproducción asexual de la fauna marina. En este tipo de reproducción, la descendencia proviene de un solo individuo adulto o progenitor, como hemos mencionado anteriormente, del cual existen varias modalidades. En algunas especies de cnidarios, los nuevos individuos se forman a partir de abultamientos o yemas en un proceso conocido como gemación. Estos nuevos individuos pueden desprenderse del progenitor o permanecer unidos a él, formando numerosas y densas colonias, como ocurre en ciertas especies de esponjas y corales, entre otras.

Esponja de mar durante el proceso de gemación, en el que el progenitor, mediante la gravedad, se va estirando hasta que se divide formando dos individuos idénticos.

Esponja de mar durante el proceso de gemación, en el que el progenitor, mediante la gravedad, se va estirando hasta que se divide formando dos individuos idénticos.

Para hacer frente a perturbaciones naturales, como la depredación o las tormentas, los nuevos organismos también pueden desarrollarse a partir de fragmentos desprendidos del adulto. Este fenómeno se conoce como fragmentación o escisión, y las estrellas de mar son un ejemplo destacado de este tipo de reproducción. Además de las estrellas de mar, algunas especies de poliquetos y corales también pueden reproducirse de esta manera. En particular, cuando una estrella de mar pierde un brazo y las condiciones son óptimas, este puede regenerarse y volver a crecer. Incluso, un nuevo individuo puede desarrollarse completamente a partir de este brazo desprendido.

Echinaster sepositus

Echinaster sepositus

Aunque existen otras modalidades de reproducción asexual, la última de la que queremos hablar es la partenogénesis. Este es un fenómeno peculiar utilizado por ciertas especies, como algunos tiburones, para reproducirse asexualmente cuando las hembras no encuentran individuos del sexo opuesto para la reproducción sexual.

Este caso en particular es un claro ejemplo de cómo la evolución ha llevado a desarrollar estrategias reproductivas para asegurar la permanencia de las especies a lo largo de la historia de la Tierra. Sin embargo, como mencionamos al inicio, las especies no solo pueden reproducirse de manera asexual; también existe la reproducción sexual. Si te interesa esta temática y quieres conocer más sobre la reproducción en el medio marino, especialmente sobre la reproducción sexual, ¡mantente atento/a a nuestras redes!

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