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Una encuesta de Shark Alliance revela que los españoles consumimos tiburón sin saberlo.

on 15 de June de 2009

De los resultados de una encuesta encargada por Shark Alliance a TNS Demoscopia realizada en enero de 2009 se desprende que el 96% de los españoles encuestados declaró no haber elegido nunca carne de tiburón para comer pero, entre estos, el 33% respondía afirmativamente a la pregunta de si alguna vez habían comido cazón o marrajo.

De la misma encuesta se desprende que el 76,4 % de la población declaró que desconocía que el marrajo o el cazón (dos de las especies más consumidas) fueran especies de tiburón.

Ejemplares de quelvacho negro (Centrophorus squamosus) listos para la venta en lonja

Lo que nos revelan los datos obtenidos mediante esta encuesta es, por un lado, un importante desconocimiento por parte de los consumidores de qué es lo que realmente están consumiendo, pero por otra parte, revela una de las carencias importantes en la gestión del comercio de los productos derivados de los tiburones. Obviamente, los consumidores no tienen la obligación de convertirse en expertos ictiólogos para poder determinar especies, géneros y familias de peces, puesto que para eso existe la Administración que debe velar para que tanto en la primera venta (subasta en lonja) como cuando el producto llega al consumidor a través de mercados, pescaderías y/o restaurantes, este llegue etiquetado como lo que realmente es.

El cambio de denominaciones de diferentes productos pesqueros en general y de los tiburones en particular es históricamente conocido.  Ya en el año 1970, en un artículo publicado el 14 de marzo en la Vanguardia Española, existía constancia y denuncia del hecho del cambio intencionado de nombres de ciertas especies de tiburón para camuflarlas como otras mercancías, principalmente como pez espada, atún o cazón (aunque se trate de diferentes especies de tiburón) y de cómo, el procesamiento de los animales previo a la subasta, hace imposible su identificación. Aunque hayan pasado 39 años, la situación no ha cambiado. Así, nombres como emperador, vela, atún, bastina, adobo, pez espada, morralla o algunos nombres más conocidos como cazón (aplicado también a otras especies de tiburones), son utilizados frecuentemente para esconder la verdadera procedencia del producto. Esto también responde al precio de mercado ya que,  por ejemplo, la carne de pez espada (Xiphias gladius) adquiere una cotización más elevada que la de varias especies de tiburón aunque su textura, aspecto y sabor, pueden ser muy parecidos.

Individuo de quelvacho negro (Centrophorus squamosus) en la lonja.

Estas malas prácticas no sólo suponen un problema de cara al consumidor, que por ley tiene derecho a conocer exactamente lo que está consumiendo a nivel de especie. Es más, esta mala praxis no sólo implica que en numerosas ocasiones nos den “gato por liebre” sino que, además, anula nuestra propia capacidad de decisión, sobre si queremos o no, consumir determinados productos. Además, aporta una gran cantidad de datos erróneos procedentes de dichas pesquerías que dificultan las posibles medidas de gestión.

Otro sondeo realizado por TNS Demoscopia en el año 2008, también reveló una sensibilización creciente de la población en relación a las políticas de conservación de los tiburones, ya que el 95% de los encuestados apoyó la aplicación de medidas de protección para las especies amenazadas de tiburones y la reducción de las capturas para asegurar la conservación de los tiburones y la sostenibilidad de las pesquerías. Probablemente, muchas de estas personas elegirían no comer ciertas especies de tiburón si conocieran realmente de qué especies se trata y su verdadero estado de conservación.

Como consumidores debemos aprender a ser más críticos y exigentes con nuestros productos de consumo, quejándonos cuando sea necesario y exigiendo información cuando consideremos que se nos está ocultando algo. Sólo así conseguiremos cambiar los hábitos comerciales y acostumbrar tanto a los distribuidores (lonjas, pescaderías, restaurantes…) como a la Administración a tener más cuidado o más exigencia cuando se trate de regular las prácticas que afectan directamente a nuestros productos de alimentación.

Alex Bartolí

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